sábado, 25 de mayo de 2013

Capítulo 4

Capítulo 4

Cuando la noche anterior Al se enteró de que vivía en la mansión Mercier se quedó pasmado.
-¿Pero no te da miedo dormir allí, alejada de todo el mundo? Dios, esa casa es espeluznante –Para mí aquella casa era solo antigua. Nada espeluznante, ni terrorífica. De pequeña la imaginaba como una casa en la que vivían brujas y arañas gigantes trepando por las paredes mientras que el abuelo del marido de mi tía Maffi se comía cada pedacito de niño que se atrevía a pasar por delante de la casa. Pero, ¡por dios, son solo historias de niños!
-Es enorme. Por dentro no es espeluznante, ni por fuera tampoco. Es mágica –Me miró confuso mientras que cargaba mi bicicleta en la parte trasera de su descapotable. Se nos hizo tan tarde que se ofreció a llevarme a casa en coche, donde pudimos seguir con la conversación. –No sé si me explico –Movió la cabeza a ambos lados –A ver, cuando estoy en esa casa o en el pueblo es como si me transportase a otra época. Como si me metiese de lleno en alguno de mis libros. ¡Vamos, no me vas a negar que este pueblo no se parece al bosque de Hogwarts! –Hablaba con demasiado entusiasmo como siempre que hablo de libros.
-¿Qué?
-¡Hogwarts! ¿Qué pasa en este sitio, no os comunicáis con el mundo exterior? ¡Dios mío Al, Harry Potter! –Mi mirada atónita se clavaba en él. ¿¡Quién no conoce a Harry Potter!?
-No leo –Respondió severo, como si estuviésemos hablando sobre algo terriblemente doloroso.
-No sabes lo que te pierdes –Le respondí refunfuñando.
-Si lo sé –Aparcó enfrente de la casa de tía Maffi.
-Adiós y… gracias –Me despedí de él con dos breves besos en las mejillas y bajé del coche. Antes de entrar a casa oí su voz llamándome.
-¡Jane! Mañana hay una fiesta en un pueblo cerca de aquí. ¿Quieres que venga a buscarte sobre las ocho? –Levanté mi dedo en señal de aprobación y esperé a que se su viejo descapotable se desvaneciese en la noche para entrar en casa.
Así que aquí estoy, ocho de la tarde exactas esperando a Al, prácticamente un desconocido, para ir una fiesta en la que no conozco absolutamente a nadie y encima estoy como un  flan. Llevo todo el día para decidir que ponerme y al final me he decantado por algo arreglado, lo suficiente para que me dejen entrar a una discoteca, pero a la vez informal, por si me lleva a un botellón en medio de quien sabe dónde.
Un coche para enfrente de casa de tía Maffi. Me deslizó en la parte trasera del descapotable de Al sin darme cuenta de que conozco a la persona que hay en el asiento del copiloto.
-Hola Al –Me acerco para darle un beso en la mejilla –Hola Clive –Le miro lo suficientemente enfadada como para hacerle borrar la mirada de autosuficiencia que tenía segundos antes.
-Lo siento Jane, el muy idiota ha dejado su coche a no sé quién y aún no se lo han devuelto –Y así, yo en el asiento trasero y los dos hermanos en los delanteros salimos a la fiesta en… Bueno, en algún sitio
***

-Hola chicas, ¿me echabais de menos? –Gritó Clive. Me esperaba cualquier sitio menos esto. Estamos en una playa completamente a oscuras excepto por una hoguera en la que se sientan seis chicos alrededor. La música no es alta y ni siquiera es música de la que hace que te tiemblen los oídos, es música lenta pero agradable. Algunas de mis antiguas amigas la llamarían música depresiva pero a mí me gusta. Me encanta sentir cada punteo de la guitarra o como suben y bajas por las diferentes notas sin dificultad y poder imitarlos.
-¿Estás bien Jane?
-Perdón Al, estaba pensando
-Decía que si querías una cerveza –Borro de mi cabeza todos los recuerdos de las antiguas personas que alguna vez fueron mis amigas.
-No gracias, no bebo –Finjo una sonrisa. Al abre una cerveza y me saca una Coca Cola para mí. Nos sentamos con el grupo de gente que hay alrededor de la hoguera.
-¿Cómo te llamas?
-Janina pero me llaman Jane –Una chica con el pelo del color de los ganchitos naranjas que tanto le gustan a mi hermano intenta entablar conversación. Trato de parecer lo más extrovertida posible ya que el verano es muy largo y no conozco a ninguna chica en todo el pueblo.
-Bueno Janina pero me llaman Jane, ¿de dónde eres? -Ambas reímos antes aquel chiste tonto. Esta vez no tengo que fingir solo me relajo e intento congeniar lo mejor que puedo.
-¿Qué tenéis en este sitio con los interrogatorios? –Al que está sentado al lado de mí se ríe aunque la chica sin nombre del pelo color gusanito naranja nos mira confusa. –Perdón, soy de Madrid –Me ruborizo. Bueno, en realidad me hubiese gustado ruborizarme pero mi cuerpo hace mucho que dejó de llenar mis mejillas con color con facilidad –Y tú, ¿cómo te llamas?
-Kod –La miro confusa. Nunca había escuchado ese nombre que es igual de peculiar que la chica que lo lleva.

-Es un apodo –Me dice un chico que aparece detrás de Kod y la apoya en su regazo. –Se llama Victoria, yo soy Lewis. Encantado –Estira la mano que aprieto con seguridad.

domingo, 19 de mayo de 2013

Capitulo 3


Capítulo 3


El frio mezclado con la tenue luz que entra por la ventana me despierta. Apenas son las siete de la mañana por lo que cojo el Ipod que descansa al lado del libro de Cassandra Clare y engancho los auriculares en mis orejas. Subo la música y me dejo llevar
-Jane, ¿estás despierta? –Abro los ojos y encuentro a Anastasia con el pelo recogido en un moño.
-Sí, estaba escuchando música –Me destapo y me levanto de la cama bajando el volumen de la música.
-Genial. Tu tía me ha ordenado que te llamase. Creo que quiere que vayas a conocer el pueblo hoy.
Ana se va de la habitación. Con cuidado saco de la maleta algo de ropa para cambiarme y entro en el baño que hay al fondo de la habitación. Cuando entro  me desnudo y me miro frente al espejo. Tengo un grano nuevo en la frente y las cejas tienen demasiado vello. Bajo la mirada y toco delicadamente la letra que se cicatriza en mi tripa. Toco con asco cada milímetro de grasa en mi cuerpo. Minutos después entro en la ducha, me lavo y mi piel sale envuelta por un olor dulzón. Salgo del baño evitando el reflejo que me da el espejo, me visto y bajo por las grandes escaleras que dan al vestíbulo para reunirme con Maffi.
-Jane querida –El comedor donde está mi tía es inmenso. Todos los muebles de la habitación son de madera maciza, incluida la gran mesa donde Maffi desayuna. Según me acerco puedo oler mejor toda la comida que hay en la mesa. Trato de distraerme mirando al retrato de mi tía con su marido que se ubica encima del saliente que deja la chimenea. –Anoche me hubiese gustado cenar contigo –Separo la silla de la mesa y me siento enfrente de Maffi. Uno de los criados me sirve una taza de chocolate caliente que hace que mis tripas enfurezcan y empiecen a sonar. Trato de evitar la voz en mi cabeza que me dice que coma. Me niego a probarlo. -¿No tienes hambre pequeña? –Me pasa un cuenco con fruta el cual rechazo.
-Si pero con el chocolate es suficiente tía –Estiro los bordes de mis labios lo mejor que puedo para crear una falsa sonrisa –Muchas gracias –Hundo la cucharilla en la taza.
-Bueno cielo ayer me llamaron del trabajo y quieren que vaya a supervisar la nueva colección en persona a Nueva York.
-Eso es genial
-No, en realidad no lo es. Quieren que me vaya mañana durante toda una semana y no quiero dejarte sola –Sé que está esperando que la diga que se vaya y que no se preocupe por mí y es lo que hago, tampoco es que vaya a echarla de menos.
-Estaré bien tía –Sonrío y sigo dando vueltas a mi chocolate –Además, tienes criados para supervisarme.
-¿De verdad que no te importa? –Hago un signo de aprobación –Bien entonces. Voy a llamar a Lucio para que me reserve un vuelo. –Sale de la habitación corriendo y con una pequeña chispa de alegría en su mirada. Me quedo sola con toda la comida que parece gritarme que la coma pero salgo corriendo del comedor antes de caer.

Por la tarde Maffi está demasiado ocupada preparando su viaje como para hacerme algo de caso así que cojo una bicicleta que encuentro en el garaje y voy a visitar el pueblo. Según voy pedaleando me doy cuenta de la mala idea que he tenido. Las piernas me flaquean y el bosque que está a ambos lados de la carretera me empieza a dar vueltas. Paro un par de minutos para descansar y sigo con menos fuerzas que antes de parar pero me obligo a llegar el pueblo.  Cuando llego al pueblo siento como si me hubiesen transportado a otra época. La casa de mi tía parece de otro siglo también pero no creía que los alrededores fuesen así también. Todo casas pequeñas de ladrillo cubiertas de hiedra. Camino por las pintorescas calles en busca de algo algún sitio donde comer algo. Tengo miedo de desfallecerme sino. Según camino por el pueblo encuentro un bar, Ravens. Entro en el bar y me vuelvo a ubicar en el siglo veintiuno otra vez, con el ruido de una música de fondo y la televisión retransmitiendo un partido de baloncesto.
-Hola guapa –Un  chico que por su atuendo diría que es camarero se sienta a mi lado. Le quito el brazo que ha puesto alrededor de mis hombros con asco.
-¿Me vas a atender?
-Clive déjala en paz y ve a preparar las hamburguesas –Otro chico aparece libreta en mano y aparta de un empujón al que se ha sentado a mi lado. –Perdónale. No suele haber chicas nuevas por aquí y a las que viven alrededor las tiene demasiado vistas –Me rio. Clive, eres un cabrón.
-Soy Al –Extiende la mano y hago lo mismo. Por un momento se me olvida todo, mi vida, el hambre, que voy a vivir en un pueblo apartado de todo y solitario todo un verano, para quedarme impregnada en sus ojos azules oscuros, como el mar en un día de tormenta. Pero vuelvo a la realidad cuando un león ruge dentro de mi cuerpo.  Esa es mi constante dosis de realidad. El hambre, los dolores de tripa, el huir constantemente de la comida es una rutina que por muchos ojos bonitos que mire no se va.
-Wow, ¿hace cuánto que no comes? -Joder, joder, joder.
-No he sido yo -¿No he sido yo? ¿Eres tonta Jane? Instantáneamente empieza a reírse con una risita contagiosa que hace que me una a él.
-Entonces iré a pedirle al león de la trastienda que deje de rugir –Me mira pero evito su mirada –Bueno, ¿qué quieres tomar? –Repaso la lista. Todo demasiado grasiento. Me doy cuenta de lo que estoy haciendo. Jane, tú no comes. No te va a pasar nada no llevas ni una semana de ayuno. No pierdas el control. Me digo a mi misma tratando de convencerme.
-Un vaso de agua –Respondo con mis ojos en el menú.
-¿Un vaso de agua? ¿Me estás vacilando? –Me vuelven a rugir las tripas. Noto los ojos de Al clavados en los míos. Miro mis muñecas disimuladamente y me acaricio la izquierda, donde las batallas ocurren. Donde están todas las marcas de guerra. Estoy a miles de kilómetros de casa, no tengo que controlar nada, no aquí, no ahora. Vuelvo a mirar el menú.
-Y una ensalada cesar, por favor –Me sonríe y entra en la cocina. Sé que lo que estoy haciendo no está bien. Mi cuerpo me anima a que coma pero mi  cerebro me refrena. No está bien, no para alcanzar mi propósito. Estoy perdiendo el control. Da igual que solo sea por poco tiempo pero no pueda dejar que la cuerda se afloje. El segundo en el que bajas la guardia es el segundo en el que te clavan la estaca para que caigas. Y yo no caigo. Soy más fuerte que todo eso.
-Señorita, su vaso de agua –Al sale de la cocina con una bandeja –Su ensalada –Me guiña un ojo mientras que coloca el plato y los cubiertos –Y tarta de la casa. Invito yo si me dejas sentarme a comer contigo –Tiene algo en sus ojos que hace que me derrita por dentro como si fuese un helado en medio de un caluroso día de verano en la playa y esta vez, sin rugidos de por medio, me pierdo un poco en su mirada.
-Puedes sentarte –Le sonrío.
-Gracias –Coloca su plato en el que hay una hamburguesa con patatas fritas enfrente de mí y empieza a comer.
-Bien señorita, ¿de dónde eres? No estamos acostumbrados a tener forasteros por aquí –Me río.
-Vengo de España. Soy de Madrid y he venido a pasar el verano con mi tía –Me mira como si fuese una exposición nueva y exótica en un aburrido museo. Sé que quiere que le cuente más cosas, lo noto en esa mirada que me vuelve loca pero no quiero, ¡solo se su nombre! Es un desconocido, con los ojos bonitos sí, pero un desconocido.
-¿Quién es tu tía?
-Vale, oficialmente estoy en un interrogatorio sin saberlo –Reímos –En serio, me toca preguntar. ¿Quién es Clive?
-Clive es mi hermano y normalmente se comporta así con las chicas, no se lo tengas en cuenta. Cuando le conoces en el fondo, muy, muy en el fondo es buen tío –Me mira esperando que le diga no pasa nada, perdono  a tu primo y blablablá pero no creo que haya necesidad de perdonar nada.
-Bien, ¿y dónde se ha metido? No ha vuelto a aparecer desde que le echaste de mi mesa.
-Me apuesto cincuenta libras a que está en la camioneta –Señala a la puerta trasera del bar –Una de dos. O con alguna de las moja bragas que suele tirarse o con Spencer.
-¿Spencer es? –Pregunto curiosa
-Creí que no era un interrogatorio –Mira mi plato –Además, no has comido casi nada.
-No tengo demasiada hambre –Miro mi plato en el que solo he pinchado tres hojas de lechuga. Antes solía mentir mejor. ¿No tengo demasiada hambre?  ¿Qué clase de excusa es esa Jane? Hace diez minutos tenías a la filarmónica de Viena sonando en tus tripas y ahora, ¿no tienes demasiada hambre? Me reprocho. Pero antes no solía tener a nadie preocupándose por mi comida y menos alguien con los ojos tan bonitos.
-¿No te vas a comer la tarta?
-No –Respondo demasiado cortante –No me gusta la tarta –Pongo mi mejor cara falsa de disculpa e interiormente me sonrío satisfecha, ha funcionado. Me pregunta si se la puede comer él y en apenas minutos el plato está vacío. 

sábado, 11 de mayo de 2013

Capitulo 2


Capítulo 2
El avión aterriza después de dos horas de viaje con demasiadas turbulencias. Recojo el envoltorio del sándwich que me he comido durante el viaje y mi equipaje de mano y salgo del avión. Forzosamente abro mi camino por el aeropuerto y cuando salgo a la calle me subo al primer taxi que encuentro. Despliego el papel en el cual está impreso la elegante caligrafía de mi madre y se lo entrego al taxista, un hombre de unos cuarenta años, gordo, calvo y con un protuberante bigote rubio.
-Chica, llegar hasta aquí te va a costar una fortuna –Me indica.
-Simplemente lléveme –Según el taxi avanza los grandes edificios van decreciendo y terminan desapareciendo siendo reemplazados por pequeñas casitas en medio de frondosos bosques. Pienso en cómo será mi tía abuela Maffi. Solo la he visto una vez en mi vida y la recuerdo como una mujer muy elegante, vestido con ropa cara, demasiado perfumada –para mi gusto –y tremendamente rica. Cuando era pequeña, el tiempo que pasó en Madrid visitó todo tipo de tiendas y mi abuela y yo fuimos detrás de ella a todas partes. Al ser yo pequeña pedía a mi abuela todo tipo de cosas. Llegué a pedirla un vestido de Channel diez tallas más grande de la mía que costaba alrededor de cinco mil euros y la tía abuela Maffi en vez de tomarme por loca pidió que diseñasen el vestido a medida para mí. No olvidaré nunca la frase que me dijo, días después, cuando el vestido llegó a casa. Jane tienes buen ojo para la moda, espero que lo tengas con la vida. En aquel momento pensé que a la tía abuela Maffi le gustaban mis ojos así que pasé días enfrente del espejo mirando que vería Maffi en ellos, pero nunca encontré la respuesta. Yo solo veía unos ojos color miel tan corrientes como respirar. Años más tarde entendí a qué se refería Maffi. Fue cuando empecé a diseñar los trajes para las actuaciones de mi grupo de teatro. Todo el mundo se sorprendía cuando preguntaban de quién había sido la idea de elegir aquellos colores, o un estampado tan original. Mi profesora de teatro se sonrojaba y decía: “Jane, preguntan por ti”. Cuando los curiosos me veían en sus caras se plasmaba la sorpresa de ver a una niña de diez años como diseñadora. Pero para mí era mí día a día.
-Señorita, ya hemos llegado. Residencia Mercier. La mansión más misteriosa en todo Reino Unido –Y era cierto, el conde Mercier, bisabuelo del marido de la tía abuela Maffi, había comprado la casa siglos atrás y siempre habían corrido rumores de que el conde era una especie de asesino que se comía a los niños. O por lo menos eso era lo que me contaba mi madre antes de irme a dormir cuando quería que fuese a buscarla a media noche para dormir conmigo.

-Janina querida, cuanto tiempo sin verte –Mi tía realmente da miedo. Su cuerpo es tan delgado que me da miedo acercarme a ella por si rompo algún hueso de aquel cuerpo larguirucho y escuchimizado. Además todas las joyas que cuelgan de sus orejas, su cuello y sus muñecas parecen tan caras…
-Tía, te veo realmente bien –Miento –Y por favor, llámame Jane. –La indico
-Como quieras joven. La cena estará lista a las nueve. Puedes seguir a Anastasia para que te indique donde vas a dormir –Anastasia era una de los muchos sirvientes de mi tía abuela Maffi pero al contrario que mi tía abuela Anastasia inspiraba confianza.
-Al principio es así. Con el tiempo se vuelve más cariñosa –Anastasia, o como ella me ha dicho que la llame, Ana, entra en la habitación con una bandeja –Me refiero a tu tía –Explica al ver mi confusión –Es más agradable. No con el personal, por supuesto, pero antes solía ser más agradable. Desde que murió tu tío Jacques no es la misma. Ella de verdad le quería –Con esta última frase se refiere a todos los rumores que circulan sobre mi tía casándose con Jacques, al que no conocí, por su dinero.
-Lo sé. Tengo algún recuerdo de la visita que nos hizo a Madrid hace años –Ana deposita la bandeja en un escritorio que hay al fondo de la gran habitación.
-¿Jane? –Me pregunta
-¿Si?
-Supongo que estás cansada comete esto –Señala la bandeja –Yo me disculparé por ti a Maffalda.
-Muchas gracias –Miro la bandeja. Un bocadillo de beicon con queso rezuma un olor exquisito. Me niego a mí misma a comerlo, sería lo tercero que comiese hoy. Un poco de manzana esta mañana, un medio sándwich en el avión y ahora un bocadillo. No, no, no. No puedo comerlo.
-Gracias Ana pero no tengo demasiado hambre –Sonrío –Buenas noches –Busco en mi bolso mi Ipod mientras que Ana sale de la habitación con la bandeja en las manos. 

domingo, 5 de mayo de 2013

Capítulo 1


Capítulo 1


Pi, pi, pi. El despertador suena y me despierto enfurruñada. Hoy no debería ir a clase ya que debo ultimar los preparativos para el viaje pero me obligo ya que quiero mostrar una pizca de interés en conocer mis notas finales aunque, sinceramente, no me importan. Me miro en el espejo. Me veo tan distinta a como era casi un mes atrás. Antes mi pelo caía lacio sobre mis hombros y los restos del rímel asomaban por debajo del ojo. Ahora mi pelo está enmarañado, revuelto y ondulado y no hay rastro del maquillaje que antes tapaba todas mis imperfecciones dejando ahora a la vista todas las espinillas de mi cara.
-Buenos días Jane –La mesa de la cocina está repleta de manjares –Come hija, hoy es un día muy importante –Mi madre me sonríe y yo finjo una sonrisa, tapando mi cara de sorpresa.
-¿Qué haces despierta mamá? –Mi madre nunca se levante conmigo por las mañanas. Y si lo hace no me prepara el desayuno.
-Hay nena, tan directa como siempre. Quiero pasar el mayor tiempo posible contigo antes de que te vayas –Me sirve un plato con magdalenas con pepitas de chocolates, yogur casero y cookies. Me rujen las tripas pero me niego a caer –Y ahora come.
-No tengo hambre mamá –Cojo una manzana y la doy un mordisco –Además, llego tarde –La doy un rápido beso en la mejilla y salgo por la puerta. En el momento en el que la puerta se cierra detrás de mí la brisa golpea mi rostro. Guardo la manzana, intacto excepto por mi mordisco, en la mochila y monto en mi moto.
Llego al instituto minutos antes de que cierren las puertas y en cuanto visualizo una papelera tiró allí la manzana. El desayuno es la comida más importante del día rugen mis tripas. La comida no es tan  importante como nos hace ver la sociedad, ser bonita lo es más. Y además tengo una teoría, la comida es como el arte, existe solo para mirarla. Entro en clase y me deslizo en mi pupitre, el más apartado de donde el profesor se ubica, y saco un libro. Las clases pasan y a cada profesor le presto menos y menos atención. Cuando por fin llega la última hora, nuestro tutor y profesor de literatura entra por la puerta. Él es el único al que presto y he prestado algo de atención durante las últimas semanas.
-Chicos, antes de daros los boletines quiero recomendaros una serie de libros que leer este verano –Mi mente se activa e instantáneamente saco de mi mochila una libreta y un bolígrafo. Cualquier título nuevo es bien recibido para mi Lista de Espera de Lectura o LEL –Empezando por un grande. Os recomiendo leer Hamlet y Romeo y Julieta por William Shakespeare –Ya los he leído –El principito por Exupéry y El Diario de Anna Frank –Pienso en decirle lo mucho que me ha decepcionado con esta última selección de libros tan comunes pero decido callarme mientras que guardo el diario donde guardo la LEL si apuntar ningún título nuevo ya que los he leído todos –Espero que los leáis y que disfrutéis leyéndolos –Y más blablablá –Ahora lo que os interesa a todos, los boletines de notas.
Espero paciente a que llegue mi turno. Sé que he pasado todas las asignaturas ya que antes del mes pasado mis calificaciones eran excelentes pero quiero tengo curiosidad por ver lo mucho que han bajado –Por ultimo una alumna que me ha decepcionado mucho estas últimas semanas –Sé que soy yo, siempre la última en la lista por mi apellido y últimamente “la chica que decepciona a la gente”. –Jane Zoe –Me levanto y recojo mis calificaciones. Mientras que el profesor me las entrega puedo oír como susurra lo decepcionado que está, además de las voces de Cassi y las que un día fueron mis amigas, riendose de mí, por supuesto.

viernes, 3 de mayo de 2013

Prólogo


Prólogo

-No eres mi madre. Olvídate de mí. Estoy harta de tus estupideces, ¡joder! Vete a la mierda –Y esas fueron las últimas palabras que Cassi me dijo. Las recuerdo claras, clavadas en mi corazón como cuchillos afilados. Hace tres semanas de esto. Tres semanas en las que he estado completamente marginada, tres semanas en las que he cambiado, no sabría decir si para bien o para mal. En realidad sí, para mal. Recuerdo como era antes de que Cassi me dijese aquellas palabras. Me preocupaba por mis amigos –los pocos que tenía –era alegre –lo máximo que se puede ser llevando la vida que llevaba, y llevo –y solía ser más abierta. Pero ya no.  En estas tres semanas mi vida ha cambiado, mucho. Me he dado cuenta de que preocupándome por mis amigos me preocupo demasiado y no les dejo espacio, según ellos, pero, en mi opinión soy demasiado buena –por no decir estúpida –por lo que he dejado de preocuparme por ellos. Y esto se debe, básicamente a que ahora no tengo. Soy triste, depresiva y aburrida.  Me levanto por la mañana diez minutos antes de salir de casa, no como nada de desayuno ni me arreglo, vuelvo a casa y me dedico las tardes a leer, antes estudiaba y tocaba la guitarra pero ahora eso es parte de mi pasado, y a ser posible no ceno y me voy a dormir. Seguro que es vuestro plan ideal, moriros de hambre y pasaros los días leyendo mientras que os llaman friky y aburrida. No os culpo, antes este no era mi mejor plan pero ahora es el único que tengo. Es mi escape.
Pero hoy esto acaba. Hoy es el último día de clase y, esta tarde, me voy de Madrid porque, según mi madre, me preocupo demasiado, cosa que debo admitir, es relativamente cierta. Tengo un hermano pequeño del que tengo que cuidar dado que mi madre trabaja turnos infinitos para mantenernos. Me preocupo por mi abuela, anciana y enferma. También tengo un padre alcohólico y adicto al juego al que visito todas las semanas para asegurarme de que está vivo. Y por supuesto, antes de estas tres semanas me preocupaba por estudiar para conseguir becas e irme al extranjero –siempre he soñado con estudiar fuera de aquí, con vivir lejos de aquí, -por mis amigos y por mi aspecto físico. Y diréis, ¿puedes controlarlo todo? Sí, sí puedo. Preparo la comida y la cena a mi hermano y me aseguro de que lleve los estudios al día. Mi madre intenta hacer todo lo que puede, que es mucho, pero no lo suficiente y mi abuela… Bueno, mi abuela aparte de freír patatas… Está enferma. Según dice la psicóloga-orientadora-profesor de educación física tengo una extraña necesidad de tenerlo todo bajo control. A veces contengo unas ganas incontrolables de aplaudirla cuando llega a esas deducciones holmesianas ya que yo llegue a esas conclusiones hace mucho. Pero bueno, no nos desviemos del tema. Hoy, 13 de junio, último día de clase me voy de Madrid para librarme de mis preocupaciones durante todo un verano. 

miércoles, 1 de mayo de 2013

Conociendo a Jane

Jane es una adolescente. Una adolescente que ha tenido que crecer demasiado rápido. A veces Jane no sabe llevar toda la presión que el mundo ejerce sobre ella y tiene que estar muy atenta de no caer, de no perder el control. Hay un mundo en el que ella lo puede controlar todo (o eso cree) y ese es el mundo en el que Jane vive. Pero, ¿y si aparece algo que la hace perder el control y cambia su vida? ¿Y si Jane encuentra la perfección que tanto desea en alguien imperfecto?
Únete a Jane en su continua lucha por alcanzar la perfección y descubre un mundo en el que a veces lo perfecto esta en las cosas imperfectas. Y no hay nada más imperfecto que el amor...